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jueves, 20 de junio de 2013

Valentía

E
l pasado viernes 14 de junio, recibí una buena noticia, y abrumadoramente desconcertante.
Me llamó mi hija, y por teléfono me recrimina que es la hora de comer y no estoy en casa.

Yo le respondo, que efectivamente, es la hora de comer, pero no había quedado con nadie en casa, y además tuve la precaución la víspera de advertir mi ausencia.

Tras unos momentos de incertidumbre y nerviosismo, me doy cuenta que la llamada se debe a algo importante, y que mi ausencia y también la de Esther, no es el fondo del problema.

Noto una excitación, una risa nerviosa y descontrolada, y en el fondo, se percibe un malestar, una incomodidad, producida por la falta de presencia física.

-Ji-ji, jo-jo.

-¿Qué pasa? ¿Qué te ocurre?

Poco a poco, despacito, la conversación va desvelando su objeto.

-¡Qué vas a ser abuelo!

-¡Qué me dices!

Etc. etc.

Los detalles se van desvelando levantando un velo tras otro. El tul de la incertidumbre se hace cada vez más trasparente, nos vamos haciendo más y más cercanos, y empiezo a entender…

-¡Pero si tú no tienes pareja!

-¡Claro, pero eso no es obstáculo!

-¡Ya lo sé, pero dime como es la cosa!

-¡Pues que decidí hacerme la inseminación artificial!

Una luz se enciende en mi cabeza:

Mi mente mediatizada por mi edad, no me ofrecía esa posibilidad.

Pensándolo bien, y dándole unas horas de reflexión empiezo a analizar el hecho:

·         Ser abuelo, ¡Qué felicidad!

·         ¿Cuántos años hace que no recibo una noticia grata?

·         En este entorno social tan duro, ¿es posible que este faro tan luminoso venga a alumbrar el nuevo camino?

·         Mi hija, ya no es una niña, ya es una gran mujer:
o   ¡Ella sola, toma la decisión!
o   ¡Ella sola, busca y rebusca entre médicos y clínicas!
o   ¡Ella sola, va de prueba en análisis!
o   ¡Ella sola, va de sala de espera a consultorio!
o   ¡Ella sola, recibe la gran noticia!

¡Mi muy querida niña!:
¡Muchas felicidades!

Y te doy las felicidades por diferentes motivos:

·         Me demostraste una valentía inusitada.

·         Me concediste una alegría, que para mí va a ser eterna.

·         Demostraste a la sociedad, que las mujeres podéis decidir por vosotras mismas, y que tú lo sabes hacer.

·         Y para mí, lo más importante: Que traté de educarte en la libertad, ¡Y lo conseguí!



Enhorabuena para ti y para mí.




Gracias, de todo corazón.