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domingo, 3 de noviembre de 2013

Otoño

E
ntró por la puerta de atrás, despacito, sin querer molestar, es una estación que va apareciendo muy suavemente. No se sabe cómo, pero el verano fue desapareciendo, casi sin sentirlo, y dejó entrar en nuestro cuarto el espíritu otoñal.

Aparece nuestro amigo como una neblina muy bajita, primero nos trae las hermosas manzanas, la laboriosa vendimia, el olor a la fermentación, las castañas, las nueces…

Pero lo más llamativo es que aparecen las aguas, llueve y llueve, los ríos, antes agostados, se llenan, los montes, se vuelven plateados con los reflejos de los torrentes.

Nuestras parras se van llenando del color del invierno, y se van desprendiendo despacito de sus hojas, como diciéndoles: “ya no te necesito, ya no hace falta que me protejas del sol”.

Los días se vuelven cada vez más fríos, la luz se atenúa, va ganando la noche, poco a poco, vamos quedando inmersos en el mundo del claroscuro, nos rodeamos de una visión en blanco y negro de las cosas.

Pero el otoño es bueno para evocar nuestros recuerdos:
·         La entrada en el colegio, con la cartera nuevecita, la gabardina nueva (que la del año pasado me quedó pequeña).
·         Los zapatos de Segarra, que son estupendos para el agua.
·         Otro plumier de madera, porque todos los años se me rompe.
·         Mi madre, que el primero de noviembre me mandaba a la calle con un collar de castañas cocidas al cuello.
·         Las visitas al cementerio, para poner flores a los “difuntiños”, un ramo había que dejarlo en la cruz de los “olvidados”.

No es tristeza lo que nos entra por el cuerpo, también es alegría, es el “Samaín”, son los “Magostos”, son los niños andando por la calle con sus calabazas y sus pinturas.

Son días para pasear bajo la lluvia, para coger setas, castañas, para pensar, para acordarse de los que ya no están, para sentarse junto al fuego…

Hoy salí a pasear en bicicleta por la ribera del Umia, desbordada de agua. El rio anegaba el camino, pero la luz ofrecida por los pocos rayos de sol que las nubes permitieron, dan tal belleza al humedal, que junto con sus garzas y sus cormoranes, hicieron que un paseo dificultoso, se convierta en agradable y hermoso.

En una palabra: bienvenido amigo Otoño.

Todo esto no es tristeza, esto se llama:

Melancolía

Yo os deseo a todos vosotros que disfrutéis de un muy feliz otoño lleno de melancolía.

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